Coco Comín

«Soy una persona valiente que lucho contra las arbitrariedades»

A principios de los 70, la televisión nada tenía que ver con la televisión de ahora. El color empezó a pintar las pantallas, aunque hasta el año 77 casi todas las emisiones eran en blanco y negro; la programación no era muy variada y, desde luego, no podías volver a ver un programa registrándolo o reproduciéndolo al día siguiente. Así que aquellas películas hollywoodenses musicales tan espectaculares quedaban grabadas en la mente de Coco Comín y luego las coreografiaba, soñando algún día en bailarlas ante un público, tal como lo hacían Fred Astaire o Gene Kelly o formando parte de una producción como West Side Story, su musical favorito. Estos fueron algunos de los incitadores de una de las grandes figuras de la danza y pionera del teatro musical en Cataluña.

Su nombre es Rosa María, pero cuando le preguntaban de pequeña cómo se llamaba, siempre respondía Coco. Y con Coco se quedó. Mientras estudiaba, jugaba a baloncesto en las Dames Negres, en la Travessera de Gràcia de Barcelona, porque era alta, no porque le gustara. Pero al salir de los entrenamientos, pasaba por delante de un gimnasio donde había un grupo de niñas aprendiendo ballet, y se quedaba fascinada mirándolas. Igual que en Billy Elliot, la profesora (Maruja Vicente) la animó a entrar y hacer su primera barra, equipada con el chandal del equipo de baloncesto. Durante un tiempo fue a escondidas, compaginando los estudios con las clases extraescolares de danza.

Siempre recuerda su debut en el colegio bailando Pedro y el Lobo y, sobre todo, recuerda con gran cariño, sus primeros «shows» musicales durante su adolescencia en Calafell, en las vacaciones de verano, donde coincidía con Carlos Barral y montaban espectáculos bailados y cantados con los amigos. En casa les encantaba verla bailar en el comedor, con todos los muebles retirados para hacerse espacio, las canciones de My fair lady, Oklahoma o Top Hat que sonaban en el tocadiscos de su padre, también muy fan de los musicales americanos. Por ello, contó con el apoyo de su familia cuando se decidió a dedicarse profesionalmente.

Prosiguió su formación con el gran Joan Magriñà en su estudio de la calle Petritxol, quien le impulsó a estudiar la especialidad de Danza en el Institut del Teatre y con quien acabó trabajando también en el cuerpo de baile del Gran Teatre del Liceu, que dejó al poco tiempo, al darse cuenta que le gustaba interpretar, pero más observar el escenario con la sala vacía, creando y produciendo sus obras teatrales y coreografías bajo el escenario. En sus propias palabras: “estar detrás del escenario es como ser el arquitecto que pone los ladrillos”.

El musical se ha colocado al frente de todos los géneros teatrales. Pero a nadie le gusta este sistema de fast food musical que viene produciéndose desde unos años. Y a mi, particularmente, me enerva.

©Ramon Ferrandis

Coco Comín cumple su sueño de bailar y enseñar aquellos musicales americanos al abrir una escuela de danza en 1971 con sólo 19 años y con el aval de su padre, ya que para entonces la mayoría de edad era a los 21. Lo que empezó siendo un colegio de danza, acabó por convertirse en uno de los centros de formación de musicales de referencia en España, con clases de teatro, canto y todas las disciplinas artísticas para la formación de profesionales de diversas edades.

Sus primeras siete alumnas fueron unas amigas a las que, cito textualmente, “las arrastró por el cuello”, pero el grupo fue aumentando hasta ser una treintena de chicas al acabar el curso en junio. Tuvo que solicitar un préstamo bancario aportando las 50.000 pesetas que había ahorrado el año anterior trabajando como secretaria en un laboratorio farmacéutico. Ese dinero sirvió para equipar un estudio de 50 metros cuadrados y comprar una mesa y una silla para la recepción (sentada allí su madre como secretaria), un perchero donde colgar la ropa en el vestuario, un espejo y un piano de alquiler. Fue ella misma quien se encargaba de todo lo demás: desde de la limpieza del local hasta del ajuste de las cortinas. Y es en el mismo lugar, 50 años más tarde, donde se mantiene a día de hoy el centro educativo que lleva su nombre, Escola Coco Comín, Escuela de Artes Escénicas Autorizada por la Generalitat de Cataluña. El colegio se ha ido ampliando con el alquiler de locales consecutivos, cuenta con más de 1200 alumnos por curso y, en 2019, se convirtió en sede de la Billy Elliot School en Barcelona.

La primera coreografía que creó fue Rhapsody in blue y su primer contacto como coreógrafa fue con Ricard Reguant en el musical Memory. Entre su extensa carrera profesional, destacan las producciones Snoopy el musical, La lluna de València, Mortadelo y Filemón, Grease o Fama el musical. (Ya que mencionamos Fame, deciros que el responsable de la serie televisiva americana, la tentó para llevársela a Estados Unidos, pero Coco prefirió quedarse en Barcelona y seguir adelante con todos los proyectos que había iniciado).

Con la producción propia Chicago obtuvo el premio de la crítica Teatral de Barcelona en 1996. Moustache, The Rhythm Musical, es su producción más personal, creada el 2016 íntegramente por ella (guión, coreografías, diseño de vestuario…), durante una temporada que su marido estuvo gravemente enfermo, con el objetivo de dotarle del deseo de luchar e ilusión para verla representada. Ha sido reconocida con numerosos premios, y ha colaborado en televisión ofreciendo clases magistrales o de jurado en Operación triunfo. Su paso por el cine no es muy extenso: entre otras, fue coreógrafa en el film Yucatán de Daniel Monzón, y reconoce que le encantaría aparecer como actriz en alguna película.

Con 69 años, ni hablar de jubilarse, para ella “la jubilación es esperar a morirse” y, “mientras haya trabajo, no se hace uno mayor, como mínimo por dentro”. Medio siglo de trayectoria en el mundo de la danza… ¿Su secreto? Una dieta calórica que incluye dos litros de batido de cacao, nada de fruta y muchos huevos. Pocas vacaciones estivales, porque no le gustan, aunque se obliga a tomar el sol para nutrirse de vitamina D. Seamos sinceros y desvelemos su verdadero secreto: una gran vitalidad, sumada a una mayor pasión por su trabajo, con el que se enfrenta a nuevos retos diariamente, tanto como directora, coreógrafa, autora de musicales y, cómo no, dando clases y dirigiendo su escuela de teatro musical aún a día de hoy. Una escuela que seguro que quedará en buenas manos, ya que su hija Júlia Ortínez ha heredado su amor por la danza, y es bailarina y profesora de claqué.

Entrevista completa con Coco Comín

Buenas tardes, Coco Comín, pionera en Catalunya y en España del género musical, con la obertura con sólo 19 años (para entonces menor de edad) de la escuela Coco Comín, desde donde hoy tengo el placer enorme de entrevistarla. Me declaro fan de los musicales, por ello me gustaría empezar con una pregunta al respecto. Se producen muchos espectáculos que funcionan, tanto aquí como en la capital, intérpretes muy formados que brillan al pisar las tablas, pero yo sigo teniendo la sensación que el género no acaba de tener el reconocimiento que merece. Siendo posiblemente uno de los más completos, ¿piensas que tiene el mismo prestigio que, por ejemplo, el teatro clásico, el drama o la ópera?

Yo creo que la ópera se lleva la palma del prestigio porque es un ambiente muy elitista y todo el mundo sabe la dificultad de cantar ópera. Pero creo que el musical ha hecho un giro y no estoy muy de acuerdo en lo que dices. Si ahora se llenan teatros es gracias a los musicales. ¿Por qué? Porque puede asistir toda la familia, porque te asegura unas horas de felicidad y porque son brillantes. El musical se ha colocado al frente de todos los géneros teatrales.

Después de 50 años capitaneando esta escuela y luchando por el género musical, ¿qué es para ti más frustrante entonces: la ausencia de reconocimiento del sector o que aún existan tantos estereotipos de género en nuestra sociedad?

Actor masculino sí que hay. Pero cuando entramos en el mundo de la danza, ¡qué pocos niños llegan hasta el final por todos los condicionamientos sociales! Esto lo seguimos sufriendo. Por otro lado, existe el Fast Food de los musicales desde hace tres o cuatro años. Y esto a mi, particularmente, me enerva, porque no se puede improvisar un musical, no se puede coger una película y «fusilarla». El musical tiene otros códigos. Últimamente hemos visto musicales basura y esto hace que, quienes nos dedicamos al musical desde tanto tiempo, perdamos un poco el interés hasta llegar a un punto que le coges manía. Aprovecho para denunciarlo: no se puede hacer un musical en cuatro semanas, hay que hacerlo con un mínimo de dos meses a ocho horas diarias para conseguir unos buenos resultados. También los condicionamientos económicos hacen que las cosas vayan más precipitadas. Cuanto menos se ensaya, más económico sale. Nos vemos vencidos siempre por el asunto financiero. A los intérpretes no les gusta que les lleven al «matadero». Tienen que estar convencidos de lo que van a ejecutar en el escenario. Los intérpretes de la escuela han tenido que aprender, por ejemplo, a andar, a cruzar un escenario… A nadie le gusta este sistema de fast food musical.

Eres una firme defensora del claqué y gran detractora de la danza contemporánea. Explícame el porqué.

No tan detractora de la danza contemporánea, pero creo que se aparta tanto del musical que no tiene cabida. Es otro sistema de danza, un sistema de encuentro interno con tu cuerpo. Es un sistema académico que funciona, que te da técnica, pero cuando lo llevamos al escenario, hay que tener mucho cuidado con lo que enseñas al público. Tiene que haber elegancia, buen gusto, glamur, no ofender. Y yo, cuando a veces he deplorado la danza contemporánea, no es tanto por la técnica, sino por la exhibición final: vestuario mal cuidado, músicas que no encajan con la coreografía… Yo fui una de las primeras personas que aprendió danza contemporánea en Cataluña porque me cogió que estaba en el Institut del Teatre y empezaron a venir profesores a impartirnos esta nueva danza. Si llego a durar un año más, yo creo que no me habría dedicado al oficio, porque me mató la vocación al ver unos movimientos que no me gustaban, que eran introspectivos. Pensé que estaba muy bien para las aulas, pero nunca para sacarlo al escenario. Por eso no me gusta la danza contemporánea: no me gusta ir descalza, mal vestida, arrastrarme por el suelo… El musical va en dirección contraria. El musical es brillante, va hacia el público, juegas con él, es color, luz, alegría. El claqué tiene todo esto: es música pura que se hace con los pies. No hay ningún Gran musical, estilo Broadway, que no tenga una cierta relación. ¿Qué pasa el día que se ponen zapatos todos aquellos que no saben bailar claqué y con todos musicales que se hacen con claqué pregrabado? Esto es una estafa. Contra esto hay que luchar, porque ser un buen claquetista (que no claquetero) son muchos años de técnica. Hoy en día se está vendiendo un producto falso y el público no se da cuenta. Esto es lo peor. Hay que entrenar al público a saber tener criterio.

¿Entonces no todo lo que vemos es teatro musical?

De musicales hay que diferenciar: hay teatro musical, comedia musical y musical. Las obras de teatro musical acostumbran a ser de pequeño formato y no tiene mayor importancia la danza. Es prácticamente una obra de texto con canciones. Me refiero a musicales más del West End o Off Broadway. Prácticamente hay canciones solistas; normalmente las obras son tristes; se atacan conceptos como la homosexualidad, la muerte o las penurias de quién lo ha escrito. Todo aquello va cogiendo un ambiente deprimente. Quizás es lo que quiere explicar el autor, pero no es lo que a mí me gusta. Para mí el musical necesita un escenario de 20 metros, un teatro con butacas de terciopelo rojo, un cuerpo de baile de 40 personas y, si no puede ser, me conformo con 20. Una orquesta, no música pregrabada, y que el 30% sea texto, el 30% sean canciones y el 30% sean coreografías. Para mí esto es un musical perfecto. Si no, ya nos escapamos del concepto de comedia musical.

El futuro es lo único que hoy en día nos da un poco de alegría.

La pandemia ha hecho mucho daño a las artes escénicas y también a la escuela Coco Comín. El centro ha sufrido una de las mayores crisis con el cierre de las escuelas de baile, la oleada de bajas de alumnos, las restricciones de aforo, el poco apoyo como hemos dicho de las instituciones… Si pudiéramos dar marcha atrás con el botón del review, ¿cómo propondrías que se enfrontara toda la situación actual? ¿Más ayudas económicas? ¿Mayor formación online para profesorado y alumnos?

Tengo que empezar diciendo que el online no funciona. Toda la enseñanza de artes escénicas pierde su esencia cuando no tienes al alumno a un palmo, cuando no lo puedes tocar, mirar, corregir y enfadarte si hace falta. Si se hace es por seguir facturando de alguna manera, para que las escuelas no se mueran de hambre. Tampoco funciona ni en canto ni en interpretación. Aquí cuando nos cerraron en marzo cumplimos. No todo el mundo cumplió, a pesar de lo que digan, hay escuelas que siguieron trabajando fuera de la ley. Nosotros cerramos, porque esto es una escuela que está autorizada por la Generalitat de Catalunya y esto tiene cosas a favor y otras en contra. Cuando volvimos a empezar, tuvimos que adaptarnos. Se contrataron cámaras para todas las aulas y empezamos a hacer directos y retransmitir las clases. Las situaciones eran de risa, porque los maestros o los alumnos desaparecían de la cámara, o pasaba la abuelita por detrás con la escoba, o el gato por delante del ordenador. Yo no hice clases online, me puse sustitutos. En seguida pudimos empezar con 6 alumnos. Luchamos mucho… Yo me enfrenté a todo el mundo, hasta a la Generalitat. Yo creo que soy una persona valiente y que lucho contra las arbitrariedades. Me rodeé de un equipo de juristas que me fueron dirigiendo hacia las injusticias que estaba cometiendo la Generalitat en aquel momento en que se daba brocha gorda para todos, sin diferenciar. Salí bastante triunfante. Hay escuelas que estamos autorizadas por la Generalitat, que en Barcelona sólo somos 13, y las demás se consideran un negocio comercial. Porque si las universidades podían seguir recibiendo alumnos en las prácticas, nosotros también, ya que nuestros estudios son totalmente prácticos, no se pueden hacer de otra manera. Por lo tanto, consideraba que yo lo podía hacer y así luché por ello.

Hablando en términos generales, ¿se han invisibilizado artes como la danza?

La danza siempre ha sido la comparsa de las otras artes escénicas, por ejemplo, en una ópera lo importante es el canto y los bailarines salen a cumplir los cinco minutitos que se prevé en todas las óperas. Es el relleno. Tampoco tiene tanto público. El ballet sí que tiene los grandes ballet rusos. Ahora todos los experimentos sólo tienen como público el resto de la profesión, con lo cual ya lo invalida, porque para que una producción sea viable tiene que estar como mínimo un año en cartelera y en un teatro estable. Si sólo son tres días, eso ya no nos sirve como profesión. Entonces, en ese sentido, sí que es un arte menor.

¿Es momento de reclamar por fin el derecho a ser unos estudios reglados? ¿Por qué en el Institut del Teatre sí y el resto de escuelas privadas no lo son?

El Institut del Teatre equivale a una universidad. Si quieres ser una escuela regulada tienes que pasar por una serie de condicionantes. Lo primero que tienes que hacer es contratar un equipo de arquitectos que te habiliten el espacio y que aseguren que aquello es seguro. Creo que los padres tienen que saber elegir dónde llevar a sus hijos. Cuando hay manifestaciones en la calle de todas las escuelas que no son autorizadas, que dicen que hacen la misma función, no es cierto, no están haciendo lo mismo. Su programa no está sometido a ningún criterio del Departament d’Ensenyament y además se meten con el señor Bargalló. El señor Bargalló no tiene nada que ver porque usted es un negocio privado con interés comercial y una escuela que está bajo el amparo de educación es un centro docente. Una cosa es un negocio, otra cosa es un centro docente. Hay que pagar caro, no me refiero tanto económicamente, sino en cuanto a control.

Hoy en día se está vendiendo un producto falso y el público no se da cuenta. Hay que entrenar al público a saber tener criterio.

©Ramon Ferrandis

La cultura en general se ha visto muy afectada. Parece que se empezaba a ver la luz… Y de nuevo, a partir de hoy vuelve el confinamiento comarcal: ya no podemos salir de nuestra comarca para disfrutar de cualquier tipo de espectáculo. ¿Es una posible solución el salvoconducto cultural?

Es un parche. Pero hablemos de la palabra cultura. Todo el mundo se acoge a que hace cultura, y eso no es cierto. La cultura es una palabra muy seria. Sólo hace cultura quien hace cosas serias. Porque tú hagas una funcioncita en un teatro pequeño, no estás haciendo cultura, estás haciendo espectáculo. ¿Cuándo ése espectáculo empieza a convertirse en cultura y tú puedes decir que formas parte de la comunidad cultural? Cuando, a través de los años, aquella obra que tú haces se consolida. Pero no lo dices tú, lo dice el público, la historia, los especialistas. Tienen que pasar 100 años para que lo que tú haces hoy sea cultura. Cultura es todo lo que la gente hace, come y baila. Antes, en los periódicos llegabas al apartado de «Cultura y espectáculos». Estaba diferenciados. Si alguna de mis obras llegan a ser patrimonio cultural, se verá dentro de 100 años. Entonces esto del salvoconducto cultural, a mí me parece un acto de soberbia. Tendría que decir «voy a un pase de público».

Te he leído decir que hay profesionales que se exceden, que por el hecho de dar trabajo se toman el derecho de incurrir en maltratos psicológicos. En la pregunta anterior mencionábamos el Institut del Teatre. Tú, que te formaste como bailarina allí, ¿te sentiste afectada o viviste con algún compañero/a algun tipo de maltrato o falta de respeto?

El Institut del Teatre hay que decir que ha cambiado mucho. Yo viví una época en que el catedrático era Joan Magriñà. Además, era también el coreógrafo y director de la compañía del Liceu, y tenía escuela privada en la calle Petritxol. Dominaba toda la situación. Era una persona encantadora. Nunca tuvimos un maltrato cuando él era el catedrático. Después empezaron a entrar otro tipo de directores que eran excesivamente duros. Gracias a Dios no lo viví, pero tenía alumnas que dejaron los estudios precisamente porque se las pintaba de gordas si tenían algo más que la piel y los huesos o presiones e insultos en la clase. Yo también me acuerdo cuando estaba en la compañía del Liceu, cuando iba a cobrar mi sobrecito marrón era un martirio, porque la persona que me lo pagaba siempre me lanzaba insinuaciones. Empezó a ser normal que a las chicas se nos tratara siempre bajo del prisma siempre de mercancía, posiblemente erótica. Pero te acostumbrabas. Yo aprendí a defenderme. A mí nadie nunca se me ha sobrepasado porque enseñaba los dientes. No entiendo a veces las mujeres que llegan a sufrir esto; creo que como mujer tienes armas para frenarlo antes. Hay que saber luchar y decirlo en el acto, al cabo de diez años ya todo transcribe, no es válido. Primero hay que decírselo a tu director, a tu jefe o a tus padres. A mis alumnos siempre les digo que no se dejen minimizar cuando vayan a un casting: «con una sola vez que os miren u os hagan un comentario vejatorio, hay que publicarlo en internet».

Eres la segunda profesional de la danza que se pasea por enescena.net. En la primera entrevista, propuse un test rápido para respuestas cortas que también te formulo ahora.

¿Crees que se puede bailar en silencio? No, va ligado a la música.

¿Todo tipo de música es bailable? No, la bachata no.

¿Quedarse quieto también es bailar? No, bailar es hacer arquitectura en movimiento.

¿Cualquier persona puede bailar? Cualquier persona puede bailar a su nivel.

¿Cualquier persona puede ser bailarín? Profesional no, pero puedes ser bailarín como acto lúdico.

¿Bailar es aprender nuevos pasos o desaprender posturas corporales viciadas? Yo diría que bailar es un retorno a los orígenes del movimiento humano, el que habíamos tenido cuando no teníamos condicionamientos sociales que tienen hoy en día los niños que nacen en África.

Finalmente, ¿el talento de un bailarín nace nada más pone los pies en el suelo o se desarrolla con horas y horas de trabajo? Solo poner los pies en el suelo cuanto te dan un golpe en el culito ya eres bailarín si naces bailarín.

Tengo la sensación que hace 100 años que estoy viviendo porque van pasando alumnos de generación en generación y yo siempre estoy aquí.

©Ramon Ferrandis

Como última pregunta, me gustaría saber en qué momento se encuentran los proyectos que tenías entre manos antes del COVID: ¿el musical sobre Lola Flores? Si se puede hablar de futuro…

Sí que se puede hablar de futuro. El futuro es lo único que hoy en día nos da un poco de alegría. Lola Flores sigue adelante. No hemos podido iniciar los castings que estábamos a punto, pero el equipo seguimos trabajando a puerta cerrada y mejorando el guion. Lo seguimos haciendo y creemos que es un gran título que España se merece.

¿Aún se pelean las dos hermanas, Lolita y Rosario?

Digamos que no tienen mucha comunicación y yo he servido un poquito de puente entre las dos (se ríe). Nunca había sabido lo que era ser un abogado… Tienen visiones diferentes de su mamá, también porque se llevan años, entremedio nació Antonio y Rosario vivió una madre que ella era su confesora y que, en relación con los hombres, tenía mucho éxito. Lolita vivió muy de cerca otro tipo de mamá, muy aposentada. Pero el proyecto sigue y además hay muchas personas interesadas en hacerlo. El equipo somos personas de muchas comunidades autónomas diferentes, con lo cual no nos hemos podido encontrar físicamente. Cada vez que hablo con alguien me dice nuevas cosas y se va ampliando y cogiendo. Necesitaríamos un musical que durara tres días. Pero me hace mucha ilusión, precisamente por lo que decíamos antes, que como el musical se ha vulgarizado tanto esto es como una cinta que yo hago y voy a entrar en el mundo gitano, que estoy descubriendo que es apasionante. El mundo del flamenco es lo mejor que hay en el mundo, su estilo, música, ¡brutal! El musical tiene que aprender mucho todavía de toda la cultura gitana.

¿La escuela Billy Elliot y el espectáculo del Tívoli?

Respeto Billy Elliot, los niños y niñas están viniendo aquí y los estamos entrenando. Tuvimos el problema de que los niños crecen muy deprisa y, después del parón, tuvimos que eliminar a algunos que eran muy buenos, pero que el bigotito ya aparecía o que habían crecido un palmo y medio, y que ya no servían. Fue muy doloroso. Uno de los peores tragos que he pasado en mi vida. Tenemos niños nuevos que se están formando para estrenarse en el teatro, no el Tívoli sino el Victòria, la temporada próxima. Yo pienso que es un gran musical, porque cuando tocas el tema niños, este tema llega al alma todo el mundo. Está muy bien hecho y la música es de Sir Elton John.

¿Y la fiesta de celebración de los 50 años de la escuela?

La escuela se inauguró un mes de febrero. Gracias a Dios, tenemos un año por delante y, con nuestro gabinete de comunicación, estamos programando actos. Como económicamente no vamos a poder asumir, serán actos no tan grandes. Y hay mucha historia que explicar, porque aquí han pasado 40.000 alumnos. Creo que será un encuentro de niños y niñas que entonces tenían 6 años y ahora son personas muy conocidas. Será muy bonito y todos tienen un recuerdo muy agradable de la escuela, porque les he dado mucho amor y esto lo han notado. Tengo la sensación que hace 100 años que estoy viviendo, porque van pasando de generación en generación y yo siempre estoy aquí.

2 comentarios en «Coco Comín»

  1. si puc vindre el estreo del billye lliot abcn i disfruteu del fama elamsuical el juny en el teatre apolo de bcn..coco anims i forces continuades del musical dels 2 msuicals k se esteranran dintre 6 mesos i mig el billy elliot el tivoli de bcn

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